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- Guadalupe Garcia Simonetta
- 2 may 2025
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 6 jul 2025
Una reflexión sobre la “aesthetificación” del conservadurismo en redes.
A esta altura ya todos hemos escuchado hablar de “la derechización de la juventud” y de la “vuelta del conservadurismo” como un fenómeno de época al que no deja de inspeccionarse con lupa: muchos estudiosos del mundo occidental tratan de entender lo que ocurre, y opinólogos en todos los canales de televisión y redes sociales dan su punto de vista al respecto; para algunos el horror, para otros solo una moda pasajera. Lo que está pasando, lo que nos está pasando a los jóvenes (porque sería hipócrita creernos excluidos o inmunes al clima de época), es a veces interpretado como un diagnóstico per se, y otras leído como un síntoma de algo más grande y profundo. Hoy, sin embargo, no voy a intentar descifrar el por qué de este fenómeno ni lo que significa, sino que vengo a proponer un ejercicio, un juego, una actividad interactiva: entrá a twitter, a Instagram, o a TikTok. Si no usás todas, entonces la que tengas instalada en el celular, y tratá de encontrar un contenido, un video, una frase o un statement “tira postas” que podría haber sido creado en 1950, o dicho por tu abuela en una reunión familiar. Pensá bien, e intentá calcular el tiempo que tardarías en hacerlo. Me arriesgo a decir que no mucho más de uno o dos minutos.
No importa a quién hayas votado ni cuál sea tu posicionamiento en el espectro ideológico, el pensamiento de la abuela, las frases del tío, están ahí en tu algoritmo. Lo escribieron tus ex compañeras del secundario, lo dijo tu streamer preferido. Los varones empezaron a invertir su tiempo en volverse “hombres de alto valor” para lograr formar una familia con una esposa tradicional o “trad-wife” que se quede en casa cuidando de los nenes. Las chicas se olvidaron del feminismo que militaban a los 15 años, y empezaron a darse cuenta haciendo “girl math” de que ahora lo que convenía era encontrar a un futbolista, o a un árabe millonario, que les de una vida de princesa para ser una “pilates mom”. TikTok se llenó de mujeres asegurando que si no encontrás novio ni marido es porque estás vibrando de una forma masculina, y necesitás entrar en tu “energía femenina” para que los hombres no huyan de vos, por supuesto que la energía de la que hablan no es más que la de volverse más sumisa, delicada y dejar que te paguen la cena. Por otro lado, frases como “Dios, patria y familia” o “monogamia o bala” se volvieron de uso popular y generalizado entre los menos veinticinco, usualmente acompañadas de chistes y memes. Estas narrativas se volvieron tan virales que hasta existe un programa diario en horario del mediodía, en el canal de streaming líder Luzu TV, que se llama “Patria y Familia”. Además, las redes se llenaron de críticas agresivas hacia las personas que eligen tener relaciones abiertas, y algunos influencers que promueven la “hombría” entre los varones aseguran que para tener un matrimonio exitoso hay que buscar una mujer virgen.
Como contracara de la moneda, la moral y el cuidado de las formas y la tradición se ven costrastados por la popularidad de OnlyFans, plataforma donde se comercializa contenido erótico, que empezó a posicionarse como otra salida laboral entre las chicas jóvenes. También volvieron los chistes de “travesaños” de la mano del personaje de TikTok El Uber Manija, un joven que se siente atraído por las chicas trans y le cuenta a sus seguidores sus anécdotas como consumidor de trabajo sexual en los bosques de Palermo y el barrio porteño de Constitución. Sin embargo, esto lejos de interpretarse como una forma de resistencia ante la ola conservadora, solo la refuerza: recordemos que hace unos cinco años atrás un tema de discusión recurrente en Twitter era sobre de la abolición del trabajo sexual; hoy esa discusión es casi inimaginable para los adolescentes. Respecto de esto, recuerdo haber leído hace un tiempo un tweet, que analizando la situación actual, sostenía que los jóvenes habían vuelto a las costumbres de sus abuelos: “prostitución y timba”.
Pero entonces, ¿se trata todo de un plan macabro de los poderosos del mundo para lavarnos la cabeza? ¿Elon Musk nos convierte lenta e inconscientemente en fascistas a través de Twitter, ahora X, sin que nos demos cuenta? No puedo afirmarlo, pero cuando estamos bombardeados continuamente con ese tipo de contenidos, y cuando somos nosotros mismos los que los producimos una y otra vez, no podemos ignorar que no hacemos más que resignificar lo conservador. Todo aquello que antes era aburrido ahora es cool y aesthetic, todo a lo que la mayoría parecía oponerse ahora es lo que considera correcto y esperado, y todo lo que parecía inimaginable decir sin ser “cancelado” ahora es un chiste, una joda de humor negro de los pibardos. En este sentido, sostengo que si bien nadie vota a la ultraderecha por una frase de moda o un chiste de mal gusto; estos indudablemente generan, sostienen y legitiman un nuevo sentido común que definitivamente causa un escenario propicio para el desarrollo de ideas y proyectos ultra moralizantes y excluyentes.
La socióloga británica Djurdja Bartlett sostiene en su libro “Fashion and Politics” que la moda es un instrumento transformador que puede desafiar las estructuras de poder, generar alteraciones en la hegemonía y hasta cambio social; y resalta el valor simbólico y narrativo de la moda como un escenario donde lo político se performa y desafía. Pensando en esto me es imposible ignorar cómo las influencer de moda empezaron a vestirse de colores neutros, desaparecieron las estampas llamativas y se popularizaron los looks “monocromáticos”; y se pusieron de moda las faldas y vestidos largos hasta el tobillo acompañados de tacos bien bajitos ( un outfit que nos hubiera parecido ridículo y “de mormona” tiempo atrás). A su vez, las uñas se acortaron y se volvieron de colores sobrios, igual que el maquillaje que ahora ya no debe notarse para mantener el “clean girl aesthetic”, una estética pulcra, ordenada y sobria. Teniendo todo esto en cuenta es importante pensar a la vestimenta como instrumento identitario, históricamente vinculada a la política: la moda femenina estadounidense varió de la sobriedad en la década del 40 durante la Segunda Guerra, para ser llamativo, romántico e híperfemenino en la prosperidad de la dorada década del 50, cuando los hombres volvieron de la guerra y las mujeres abandonaron los trabajos donde los habían reemplazado para ocupar otra vez el rol de amas de casa. Unos años más tarde, el movimiento por los derechos civiles de la década del 60, sumado al movimiento hippie y el estallido de la libertad sexual; apareció junto con las polleras cada vez más cortas en las mujeres, y el pelo cada vez más largo en los hombres. En la misma línea que Bartlett, la académica Regina .A. Root sostiene que “la vestimenta siempre estuvo íntimamente conectada a las operaciones de la cultura, la formación identitaria y el cambio social” en la introducción a su libro “Vestir la Nación”, texto sobre la historia de la moda postcolonial en Argentina y su vinculación con la política. Como ejemplo, la autora repara en las patillas y los ponchos de Carlos Menem durante su campaña presidencial donde levantaba las banderas del federalismo y el peronismo; y lo rápido que su estética “caudillesca” se transformó en trajes de Versace hechos a medida durante la década del 90. Por otro lado también, menciona la sobriedad de De la Rúa al asumir como presidente en un país en crisis, la cual contrastaba con la excentricidad y los símbolos de despilfarro que caracterizaban al ex presidente Menem y a la época que se iba con él. Para Root la moda es “un proceso cultural en el cual los cuerpos individuales y colectivos asumen, modifican y transgreden determinadas identidades.”
Habiendo planteado todo esto creo necesario reparar entonces cómo este nuevo sentido común sobre el que hablé más atrás ( que es nuevo en tanto es una reinterpretación y reinvención de lo viejo) se refleja en nuestra corporalidad, a través de las intervenciones que le hacemos a nuestro propio cuerpo físico y la ropa con la que elegimos vestirlo: vi como varias chicas en TikTok empezaron a arrepentirse de sus tatuajes porque se dieron cuenta de que “ya no se verían bien usando un vestido de novia”, y cómo mucha gente que solía tener un estilo alternativo dejó atrás sus días de “e-boy” y “e-girl” para volver a ser normies, tiñendo sus pelos de colores ahora en tonos naturales y retirándose piercings de la cara. Por otro lado, los hombres más modernos y aesthetic rescataron el pantalón de vestir del placard de sus abuelos y dejaron atrás el famoso “degradé” en el pelo para dejárselo crecer y adoptar un aspecto más sobrio y clásico de “mafia boss” italiano de los 50’s.
Como reflexión final traigo la pregunta clave: las tendencias de moda en Instagram, los nuevos conceptos “aesthetic” de TikTok, y los “tira postas” de X (yo prefiero seguir diciéndole twitter); ¿realmente nos están volviendo “fachos” ?, o es al revés, ¿nos volvimos conservadores y construimos los trends en base a eso? Al igual que en el acertijo del huevo o la gallina, no hay una respuesta correcta, sino una retroalimentación o mutuo condicionamiento entre ambos. Creo que el clima de época nos hace pensar algunas cosas desde otras perspectivas, y los nuevos temas en agenda nos hacen reflexionar otra vez sobre cuestiones que teníamos saldadas (o eso creíamos); lo que se refleja en las frases que repetimos, la ropa que nos ponemos y las preguntas que nos hacemos. Por otro lado, como ya sostuve anteriormente, una frase armada, un meme, o un estilo de vestimenta no son un fiel reflejo del escenario político; pero pueden funcionar como un terreno fértil para el surgimiento y aceptación de ideas que, en otro contexto sociocultural, no hubieran hecho raíces. De esta manera, el orden como clima de época se refleja en lo que está de moda, y la moda acompaña y reproduce al mismo tiempo ese orden buscado.
De todas formas no se asusten, adoptar una narrativa o una estética de moda no nos hace directamente culpables de todo lo que pasa, después de todo se puede seguir siendo “progre” aún vistiendo “old money”, ese estilo mega-ultra-viral que intenta imitar o asimilarse al que usan que usan las familias de apellido.
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Guadalupe García Simonetta es estudiante avanzada la carrera de ciencia política de la Universidad de Buenos Aires. Formó parte de un grupo de investigación de teoría política conservadora, y está interesada en los campos de la opinión pública y la comunicación política.
Referencias:
Root, Regina. (2014). Vestir la Nación. Edhasa editorial.
Bartlett Djurdja. (2019). Fashion and Politics. Yale University Press.
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