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La Industrialización China, la Más Grande de la Historia

  • Foto del escritor: Manuel Muñoz Fernandez
    Manuel Muñoz Fernandez
  • 16 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 23 dic 2025

por Manuel Muñoz Fernandez


Pekín, 9 de Septiembre de 1976:


“El Comité Central del Partido Comunista de China, el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional de la República Popular China, el Consejo de Estado de la República Popular China y la Comisión Militar Central del Partido Comunista de China anuncian con profundo pesar a todo el Partido, a todo el ejército y al pueblo de todas las nacionalidades de todo el país: El camarada Mao Zedong (...) falleció en Beijing a las 00:10 del 9 de septiembre de 1976 (...).”

Comunicado del Comité Central del Partido Comunista Chino


Es luego de la muerte del histórico líder del PCCh y de la República Popular China que comienzan a aparecer los primeros números que contabilizan en totalidad los avances, aciertos, errores y transformaciones llevadas a cabo por Mao Zedong como cabeza principal de la “construcción y transición al socialismo” en China. La transformación económica ocurrida en el periodo 1949-1976 que estos números ilustran no pasa desapercibida bajo ningún punto de vista. La industrialización china comenzada en 1952 (año que se toma como inicial ya que es el primer año de posguerra en que la economía vuelve a sus niveles anteriores) es la industrialización tardía más acelerada de la historia. De los cuatro países que se han industrializado tardíamente, China es quien más rápido lo ha hecho y quien ha tenido una mayor tasa de crecimiento por década (Alemania 33%, Japón 43%, la URSS 54% y China 64%). Los números del crecimiento chino son realmente asombrosos. Como ilustra el sinologo estadounidense Maurice Meisner en su libro de 1977 “La China de Mao y Después”, Durante el Periodo 1952-1976 el PBI industrial chino aumenta 38 veces su tamaño, mientras que el tamaño de la industria pesada lo hace en 90 veces.


Ahora bien, antes debemos revisar al menos un poco cuál era el estado de situación del aparato productivo y de la economía china previos a 1952. Luego de la invasión japonesa (1937-1945) y de la guerra civil (1927-1937 y 1945-1949), la población china (que siempre dependió históricamente de la agricultura) se encontraba en uno de sus peores momentos históricos de nivel de vida y alimentación. El gobierno del Kuomintang (el Partido Nacionalista Chino, quien conformaba el bando opuesto al de los comunistas en la guerra civil) había dejado una inflación galopante (donde se repetían escenas similares a las ya vistas en la República de Weimar, con gente yendo a hacer las compras cargando dinero en carretillas) y una fuerte crisis en el sector agricola (que muy susceptible a las inundaciones y factores climaticos, había sufrido estos reveses en los ultimos años), a lo que se sumaban los desastres de la guerra civil y de la invasion. La situación china permitía que una inundación o un revés climático inesperado condenara a miles de habitantes al hambre (y las muertes masivas por hambrunas no eran para nada infrecuentes). China aparecía como un país que, entrando a la década del 50´, carecía de industria petroquímica y contaba con una industria del acero, fertilizantes, carbón y cemento muy incipientes. A su vez, la poca industria desarrollada hasta el momento tenía como objetivo suministrar al aparato militar chino, al cual el gobierno se había dado cuenta que tenía que potenciar frente a la interminable consecución de derrotas militares comenzadas con la primera guerra del opio (1839-1842).


Es en esté contexto que Mao, a cargo del Comité Central del Partido, lanza en 1952 el Primer Plan Quinquenal de la historia china (vale la pena decir que hoy en día en China se están discutiendo los últimos detalles del Plan Quinquenal Nro. 15), centrado principalmente en los sectores industriales y económicos claves para alcanzar la “autosuficiencia” del país. Esté programa de 5 años (1953-1957) buscó desarrollar industrias claves como el acero, el petróleo, los fertilizantes químicos, el carbón o el cemento, alcanzando tasas de crecimiento industrial sorprendentes. Durante todo el periodo 1952-1976 el crecimiento de la industria tuvo una tasa de 11% anual, lo que a su vez llevó a un desarrollo técnico y científico nunca antes visto. Nos dice Meisner que “El número de científicos y técnicos chinos creció de 50.000 en 1949 (y 425.000 en 1952) a 2.500.000 en 1966, y a 5.000.000 en 1979, el 99% entrenado en los años posteriores a 1949”. También vemos como da cuenta de la magnitud en la que crecieron estas industrias durante esté periodo:


“Entre 1952 y 1976, la producción de acero de China creció de 1,3 millones a 23 millones de toneladas; el carbón de 66 millones a 448 millones de toneladas; la energía eléctrica de 7 mil millones 133 mil millones de kw/h; el petróleo crudo desde prácticamente nada hasta 84 millones de toneladas métricas; los fertilizantes químicos de 0,2 millones a 28 millones de toneladas; y el cemento de 3 millones a 49 millones de toneladas. Para mediados de los años setenta, China estaba fabricando aviones jet, tractores pesados y modernos navíos oceánicos. La República Popular estaba también produciendo armas nucleares y misiles balísticos de largo alcance, habiendo lanzado el primer satélite en 1970, seis años después de su primera prueba exitosa de bomba atómica.”


Vemos así como China pasa en aproximadamente 25 años de ser un país azotado por la guerra y la inflación, dependiente de la agricultura y la bonanza climática para su supervivencia, a ser un país con industria pesada, ciencia y técnica propias, satélites en órbita y armamento nuclear testeado en su propio territorio. La velocidad de esta transformación se explica por algunos factores característicos del modelo chino. En primer lugar, la planificación centralizada parece históricamente imbatible cuando se trata de encarar grandes esfuerzos económicos nacionales. No solo el Estado luego de 1949 adquiere la propiedad de los medios de producción, sino de los recursos naturales, la mayoría de la tierra (aunque primeramente organizada en comunas semi socialistas) y la posibilidad de manejar la migración, el racionamiento de alimentos y la intensidad de la mano de obra jamás pensadas en el marco de una democracia liberal capitalista. Otro factor es la altísima tasa de acumulación del capital estatal chino. Entendemos por “tasa de acumulación” a la proporción de rentabilidad de la inversión que se reinvierte en la expansión de los medios de producción y del propio capital. La tasa de acumulacion china crece de 23% al 33%, con picos de 36,7%. Por último, es un factor inobjetable que el apoyo popular con el que contaba el PCCh, y la disposición de la población a soportar esas décadas de esfuerzo (sin ver muchos avances en su nivel de vida durante los primeros años) hacen a que haya sido posible esté nivel de crecimiento.


Algo que parece curioso, debido a la teorización del propio Mao sobre el campesinado como la clase revolucionaria china por excelencia y su histórica persistencia en comprender a la agricultura como el alma de China, el sector agrícola no experimentó ni de cerca los niveles de crecimiento que tuvo la industria. Si, como ya mencionamos, la industria crece al 11% anual durante el periodo 1952-1976, la agricultura lo hará al 2%, tasa que casi alcanza a la de crecimiento demográfico del 2,3%.


Es claro que durante todo el periodo maoista se cometieron grandes errores, muchas veces causados por esta “omnipotencia” del Estado para manejar variables demográficas, económicas y productivas. El propio Partido, en una resolución de 1981, luego de la consolidación de Deng Xiaoping como líder del Partido y de la República, realiza un balance histórico al “camarada Mao Zedong” en el que lo responsabiliza de lecturas “completamente erróneas”, de tomar malas decisiones y de combatir injustamente a cuadros del Partido que sostenían “líneas correctas”. Sin embargo, como dice la propia “Resolución sobre ciertas cuestiones de la historia de nuestro Partido desde la fundación de la República Popular”: “sus errores fueron, en última instancia, los de un gran revolucionario proletario.”



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Manuel Muñoz Fernández es estudiante de ciencia política en la Universidad de Buenos Aires. Se encuentra interesado en temas de economía, historia y geopolítica. Se reconoce dentro del campo de la izquierda nacional, con Marx, Gramsci y Schmitt como influencias remarcables.


 
 
 

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