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No se defiende lo que no se ama, no se ama lo que no se conoce

  • Foto del escritor: Agustina Ascar
    Agustina Ascar
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Por Agustina Ascar

La coyuntura mundial y los acontecimientos de principio de año nos alertan como región ante la posible invasión por parte de un extranjero. Mientras los fueguinos llevamos adelante la Vigilia por la Gloriosa Gesta de Malvinas, a 3.000 kilómetros deciden, como sentados en un trono, la entrada de tropas estadounidenses a nuestro país para hacer prácticas militares conjuntas.


Pero la sirena suena a destiempo. En pleno 2026, el 25% de nuestro país ya se encuentra ocupado por extranjeros. Así es desde 1833, cuando tropas inglesas desembarcaron en Puerto Soledad para usurpar nuestras islas.


Desde la ocupación británica del archipiélago, el desarrollo económico representó un gran desafío para la metrópoli. Dependieron casi en su totalidad de la exportación al Reino Unido de lana y en menor medida de la pesca y la caza de focas. Aún más: los británicos se veían en la obligación de subsidiar constantemente la economía de las Malvinas debido a su déficit, en tanto quisieran sostener su presencia allí. Esta situación cambiaría sustancialmente como consecuencia de la guerra de 1982 y la aplicación del Tratado de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.


Teniendo en cuenta los prometedores resultados obtenidos con los informes Griffiths y Shackleton, Gran Bretaña amplió de forma unilateral e ilegal su dominio sobre el Atlántico Sur: de 12 millas náuticas a 200 millas alrededor de cada isla, entre 1982 y 1995. Una vez más, Londres ignoró la Resolución 31/49 bajo la excusa de garantizar la seguridad de los súbditos británicos.


La creación de esta Zona Económica Exclusiva y la venta ilegal de licencias de pesca les permitió a flotas de varias partes del mundo explotar los vastos recursos naturales de la zona, generando un salto cualitativo en la economía y el comercio de las islas.


Es así que, según informes del 2020 del FIG (Falkland Island Government), la pesca de calamar y merluza representó en 2018 el 64% de su PBI, implicando el 91% de sus exportaciones entre 2010 y 2019. Esto no sólo permitió su auto sustento, sino también un superávit comercial récord en los últimos años. Una bonanza sostenida por el robo de un promedio de 250.000 toneladas pesqueras por año. Un dato no menor es que, producto de la usurpación, el PBI per cápita del FIG logró posicionarse en quinto lugar en 2018, siendo uno de los más grandes del mundo, superando a Suiza y Estados Unidos.


En paralelo, las empresas transnacionales avanzan velozmente en proyectos de explotación de recursos hidrocarburíferos, ya que se estima que en las cuencas malvinenses existe una reserva de petróleo equivalente a la de Arabia Saudita. Tal es el caso de la sociedad entre la británica Rockhopper y la israelí Navitas Petroleum por la explotación del yacimiento Sea Lion en la Cuenca Norte: uno de los varios proyectos que ya cuenta con el visto bueno tras la “Final Investment Decision” desde octubre y pretende iniciar su primera fase de extracción masiva de crudo en 2028.


Ante este panorama que parece arrollador y avasallante, es clave la resiliencia con la que Tierra del Fuego AIAS construye soberanía. No solo es cuna de la malvinización y faro de nuestra causa nacional; es uno de los polos industriales y tecnológicos con mayor desarrollo del país, además de poseer un crecimiento poblacional destacable. Esto no es casualidad. Es el resultado de políticas y planificación, como es la Ley 19.640, que permiten el ejercicio de una soberanía argentina efectiva y con proyección.


La magnífica extensión de nuestra Argentina parece distanciarnos del centro geográfico de nuestro país, pero la causa nacional por Malvinas es lo que nos une.


Como expresó el Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas de la ciudad de Río Grande durante la Vigilia: “No se puede defender lo que no se ama, y no se ama lo que no se conoce”.


Hoy 2 de abril, no sólo honramos a los veteranos y caídos en la Guerra de Malvinas.


Hoy y siempre, nos comprometemos a estudiar y sostener la causa con la misma valentía y entrega de nuestros excombatientes. La tarea es malvinizar, porque fueron, son y serán argentinas.


-- escribiendo desde la Capital Nacional por la Gloriosa Gesta de Malvinas --

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Agustina Ascar es licenciada en Ciencia Política con orientacion en Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires. Nacida, criada y actualmente viviendo en Río Grande, Tierra del Fuego Antartida e Islas del Atálntico Sur.

 
 
 

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