¿Hacia dónde está yendo el Sistema Político?
- Abril García
- 9 sept 2025
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por Abril García
¿Por qué está tan en auge hablar de polarización política? ¿Se debe simplemente a fenómenos nacionales o tiene que ver con un aspecto mayor del sistema político mundial? ¿Acaso la democracia liberal como la conocemos ha terminado para dar lugar a otra llena de discursos vacíos y extremistas sin un rumbo concreto?
Si hoy en día le preguntamos a gente en la calle por qué votó a Javier Milei la mayoría va a responder que el “resto son todos iguales”, que son “parte de la casta”, o que simplemente querían probar algo nuevo porque lo que votaron hasta el día de hoy no les ha servido. Ahora bien, esto que está pasando en Argentina, ¿es autóctono o está ocurriendo en más lugares? Cada día vemos más y más discursos extremistas y polarizantes en los que se pone a cualquiera que piense distinto en el lugar del enemigo. No hace falta ponerse a pensar mucho, Javier Milei, Jair Bolsonaro, Donald Trump, Georgia Meloni, Nayib Bukele ¿que tienen todo ellos en común? Son parte de la extrema derecha conservadora.
Creo que autores que han escrito acerca de fenómenos parecidos, como Katz y Mair (2017) tienen las respuestas a mi pregunta: para entender el hartazgo de la gente y la falta de creencia en el sistema democrático debemos entender como los partidos políticos y candidatos se comportan, debemos entender el cambio intrínseco de la estructura.
El paso de la política de masas a la de los partidos Catchall fue el principio del fin del sistema clásico como lo conocíamos. Los partidos políticos dejaron de funcionar como puentes entre la sociedad civil y el Estado para poder cumplir con las demandas de sus votantes para cada vez adentrarse más en la esfera del Estado y servir a sus propios intereses.
Los cambios en los medios de comunicación también jugaron su rol obvio, de repente la campaña política ya no se encontraba más en las calles, sino en la televisión, en la casa de todos los ciudadanos, pero esto no tuvo por qué ser algo bueno. Con las demandas de la sociedad menos definidas los discursos y propuestas se volvieron vacías, sin contenido real, había que concentrarse más en el hecho de que el candidato fuera carismático, querible, un tipo como cualquier otro pero capaz de poder liderar un país.
De esta forma, el votante quedó relegado a un segundo lugar en el que ya no tenía poder real sobre los candidatos y las personas empezaron a votar “lo que había” en lugar de participar activamente en el proceso electivo. Pero entonces, ¿este fenómeno es parte de la evolución humana? ¿Quién tiene la culpa del escenario actual? Podríamos decir que sí, que se dio de forma natural, sin embargo cuando llegamos a lo que llamamos cartelización de los partidos políticos (Katz y Mair, 2017) nos encontramos frente a una dinámica en la cual la elite política ha logrado entender que puede financiarse con los recursos del Estado sin necesitar de la ciudadanía y así funcionar como lo que Katz y Mair (2017) llaman “agencias semi-estatales” actuando sólo en favor de ellos mismos.
Pero todavía no hemos respondido nuestras dudas, ¿porque de repente todos los discursos políticos están polarizados, y porque muchos de los candidatos (por no decir todos) que llegan al poder son conservadores? La respuesta es simple, cuando se subestima a la ciudadanía por un largo período de tiempo la misma no se queda en su lugar, llega un momento en el que el hartazgo se ve reflejado en algún resultado o fenómeno dentro del sistema político. El pueblo se cansó de falsas promesas de todo el espectro tanto de aquellos espacios más progresistas como de aquellos espacios de centro o centro-derecha que tampoco han brindado respuestas a sus demandas. De esta forma, la gente sólo vio salida en algo “nuevo”, que en cierta forma reconozca, o por lo menos ponga en palabras, como los ha defraudado la política tradicional.
He aquí el nuevo escenario polarizado en el que nos encontramos hoy en día: la incompetencia de los mismos de siempre o podríamos decir también su insaciable hambre de poder, llevaron a las personas a tal nivel de hartazgo y enojo que ahora se considera coherente votar a candidatos que prometen soluciones mágicas a problemas económicos y traen de vuelta a la mesa cuestiones como la tradición, la familia, los “valores de antes”. Trabajan desde su discurso aquella nostalgia por los tiempos de antes y al mismo tiempo buscan arrollar cada progreso que se ha dado con respecto ha derechos humanos, LGBT, la agenda feminista o lo que ellos denominan como la “agenda woke”. El problema es que así funcionan los discursos polarizantes, a todo o nada, y si te atreves a estar en desacuerdo o generar alguna crítica constructiva acerca del modo de ver el mundo te convertís en el enemigo.
Esto es lo que necesitan estas nuevas derechas ultraconservadoras, la creación de un enemigo común que canalice el hastío de la ciudadanía y su decepción con la política tradicional, pero más importante aún, y el logro más exitoso de estos nuevos movimientos, necesitan del ideal colectivo de que la estructura en la que vivimos ya no funciona. Plantar la semilla de duda sobre que tan necesaria es la democracia liberal es el principal y más grande objetivo alcanzado del cual ya no hay vuelta atrás. El tiempo podrá pasar, y el clima político podrá moderarse pero esa duda acerca del sistema como la conocemos ya está instaurada en la gente, y eso es lo que hace peligroso estas posturas; el hecho de que abran la puerta a una nueva alternativa desconocida y distinta es lo que en cierto punto le otorga esperanza de nuevo a las personas e incertidumbre a la estabilidad institucional.
Sin embargo, ¿la extrema derecha conservadora es realmente un nuevo camino, o son solo posiciones del pasado que han vuelto “recicladas” debido a la oportunidad de ventana política actual? La Ley de Hierro de la Oligarquía de Michels (1991) no me deja mentir. Milei, Bolsonaro, Trump, son claros ejemplos de cómo pueden disfrazarse discursos y posiciones como algo “nuevo”, y presentarse a ellos mismos como “outsiders” de la política cuando en realidad lo único que están haciendo es aprovechar su coyuntura para formar parte de estas agencias-semiestatales que mencionamos antes o partidos políticos, como prefieran decirles.
En última instancia estamos viviendo lo mismo que sucede siempre, estamos presenciando cómo los mismos actores y elites se adaptan y/o cambian las reglas, lo que lleva a nuevas preguntas, ¿Tenemos incidencia en el sistema o estamos condenados a estar a merced de nuestros líderes? ¿Está a punto de cambiar el sistema y la democracia liberal tal cual la conocemos o las nuevas derechas extremistas utilizaran sus discursos polarizados para apoderarse de ella? Solo podremos confirmarlo con el tiempo.
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Abril García Coustau, estudiante avanzada en Ciencia Política y voluntaria en el CARI, donde es parte de la Dirección Editorial y del equipo de redacción del boletín del comité de asuntos euroasiáticos sobre la guerra Rusia-Ucrania.



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