VENEZUELA, LA CONTRARREVOLUCIÓN ES VITAL.
- Julian Ledesma

- 1 jun 2025
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Por Julián Ledesma
¿En qué punto estamos como sociedad, a nivel político-ideológico-moral? Desde mi perspectiva, en un nivel amoral en el que somos capaces, con tal de destruir y eliminar al enemigo, de defender procesos sanguinarios, violentos y letales. Muchas veces, y con más frecuencia en latinoamérica, hay una contradicción política, una incoherencia histórica con respecto a los regímenes totalitarios que han permeado la historia democrática de nuestro continente.
La historia de los activistas por la democracia o los derechos humanos, por lo general, se ha constituido en un contexto de polarización total en la sociedad, es decir, cuando pensamos en las grandes revoluciones como la francesa o la rusa, no hay cabida para plantear una tercera posición: o estás con el tirano o estás con la masa popular. Incluso, se me hace difícil pensar en que alguien pueda estar a favor de la revolución francesa y no de la rusa o viceversa, salvo que el odio del pensador, la ciega ideología no-objetiva, torne imposible un pensamiento racional.
En este punto, me detengo y pienso, ¿Sería factible defender un régimen autócrata, fascista, violador de derechos humanos, hambreador de su pueblo en un determinado punto geográfico pero ir en contra del mismo régimen 7000 km al sur o al norte? Suena un poco incoherente. No obstante, venimos observando este fenómeno discursivo hace veinte años: por un lado, los grupos de extrema derecha expresan con todo ímpetu su rechazo a la dictadura chavista pero se les seca la garganta cuando deben expresar con las mismas ganas el rechazo a la dictadura cívico-militar liderada por Jorge R. Videla, por el otro lado, los grupos de izquierda han sido los primeros en levantar las banderas en contra de las violaciones a los Derechos Humanos en el período no democrático de Argentina (1976-1983) e, incluso, han puesto sus abogadas/os en los juicios a la cúpula militar pero se impiden gritar con la misma fuerza un alto a las violaciones a los derechos y las libertades fundamentales en Venezuela. Esa es la realidad: grupos antagónicos en sus proyectos históricos que han sido guiados bajo el odio cosificador del otro-político, de la alteridad ideológica.
Ahora bien, ¿Por qué planteo que el regímen venezolano de Nicolás Maduro es similar al de Videla? En primer lugar, me gustaría plantear, desde una perspectiva de la ciencia política, una caracterización (similitudes y diferencias) de ambos regímenes, estados y gobiernos. El estado que se impuso en la última dictadura argentina fue una perfecta combinación de un estado fascista con un estado neoliberal, rendido y arrodillado ante las grandes corporaciones económicas internacionales; el estado venezolano es fascista, sujeto así, a la represión de la alteridad: una dictadura de manual. En lo que respecta a los regímenes políticos, ambos casos fueron y son regímenes de tipo autoritario, caracteristica que comparten con otra aún más peligrosa y triste, ambos gobiernos son responsables de la ejecución del terrorismo de estado. Por último, reconozco en el gobierno de Maduro una característica que no se encuentra en el de Videla: el populismo. Un gobierno que ha llegado al poder pero sobre todo, consolidó su poder, a través de la figura de Chavez. El culto al héroe -villano- que ha dejado ciego a cada venezolano y venezolana, es la representación de un populismo que somete a su pueblo a costa de dádivas, mercadería y finalmente, los utiliza al momento de entrar en el cuarto oscuro.
La izquierda mundial ha hecho un gran trabajo comunicacional y en términos de marketing político en cuanto a los Derechos Humanos, sin embargo, reitero, a la hora de mirar la aplicación y el respeto de estos en Venezuela, Cuba o Nicaragua, no tienen los mismos ojos. Esto se comprueba con la exaltación de las violaciones a los DD.HH a partir de las elecciones presidenciales en Venezuela, el 28 de Julio del 2024. Fecha que marcó el comienzo de protestas en todo el país a raíz de la farsa electoral montada por el oficialismo bolivariano. Según las Conclusiones detalladas de la misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela1, se registraron 915 protestas entre el 29 y el 30 de Julio en toda la extensión venezolana (muestra también del rechazo popular al gobierno chavistas), en las que hubo 25 muertos. Sí, 25 muertes en manos del gobierno solo en dos días. [...] la Misión documentó una serie de incidentes que dejaron un saldo de al menos 25 personas fallecidas. De estas, 24 fueron ocasionadas por disparos de arma de fuego y una murió como resultado de una paliza (ONU; 2024).
Otro marco en el que se desenvuelve la brutal represión chavista es el judicial, donde bajo los presuntos títulos de “conspiración”, “traición a la patria”, “sedición”, etc., se busca perseguir a opositores políticos con un fin muy claro: la proscripción. Esto, se pudo ver con todos los inconvenientes que tuvo María Corina Machado para poder presentarse como candidata a la presidencia de la nación. Fue proscrita tras haber ganado el liderazgo dentro de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con más del 90% en las elecciones primarias y, luego, tras la presunta candidatura de Corina Yoris, el Consejo Nacional Electoral proscribió a la segunda candidata de la oposición sin razones jurídicas y meramente ideológicas. Así, fue como finalmente Edmundo Gonzalez Urrutia fue el candidato aprobado por el CNE. No de manera ingenua sino como signo de representación de la MUD; un hombre mayor, débil, sin fuerza ni liderazgo político.
Asimismo, agregando información acerca de la política sistemática de violación a los Derechos Humanos, encabezada por el regimen, nos encontramos una vez más con el empeño que tienen por disfrazar, ocultar y no mostrar la realidad de sus diversas farsas electorales. Según el libro Observación Electoral Ciudadana en América Latina, de la distinguida ONG Transparencia electoral, “Ante las numerosas irregularidades que se repetían e incrementaban en cada proceso electoral, el nuevo marco regulatorio especial impuesto para la labor de los Acompañamientos Electorales Internacionales lo que hizo fue restringir sus posibilidades de contribuir para corregir y minimizar su ocurrencia [...] El artículo 15 de este reglamento, por ejemplo, no deja espacio a la interpretación: las organizaciones observadoras no podrán denunciar públicamente las violaciones a la equidad en la contienda electoral, que -por cierto- están a la vista de todos los venezolanos”2. En sí, este breve testimonio nos cuenta la obsesión de la tiranía por no mostrarle a los observadores internacionales, que son objetivos en el plano laboral, cómo y en qué contexto se desarrollan los procesos electorales en Venezuela. Y, de ser así, queda completamente segregada la posibilidad de la denuncia dentro del territorio bolivariano. Recordemos, para continuar con el paralelismo, que gracias a los medios internacionales que desembarcaron en 1978 en Argentina con fines informativos del mundial de fútbol, fue que comenzó la repercusión de lo que estaba sucediendo a nivel político en Argentina, alrededor del mundo.
Espero que haya quedado lo suficientemente claro que sobran ejemplos acerca de los marcos de opresión y represión política, física y comunicacionalmente en los que se desarrolla la vida electoral y militante en Venezuela. Lo que hay que entender es que detrás de estos hechos y actos violentos, hay personas, hay vidas. Niños y niñas que quedan huérfanos tras la represión en protestas, tras el Helicoide, el centro de tortura más grande de América Latina. Una fachada increíble, en el centro de Caracas que se enmascara con ser la sede del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional). Al igual que en la Ex-ESMA, allí se torturan personas, se violan varones y mujeres, metiendoles objetos por el recto anal hasta fisurarlos, quebrar su voluntad y que delaten el paradero de sus compañeros políticos; se aplican shocks electricos con picanas en los testiculos, entre otras de las torturas que han detallado sobrevivientes del terror de Caracas.
Para finalizar, me gustaría reflexionar acerca del futuro de Venezuela y una democracia que cada día parece más difícil de alcanzar.
Con las últimas elecciones presidenciales del 28 de Julio del 2024, quedó demostrada, una vez más, la incapacidad de la oposición venezolana para construir una alternativa real y sólida ante el régimen. Quedó demostrado que el terror infundido por el chavismo fue más fuerte que el ímpetu de libertad, cuestión que atajó, de seguir capturando ilegalmente, a la policía bolivariana en las calles. Reitero la idea del comienzo, ¿En qué punto tan bajo moralmente está la izquierda latinoamericana que no condena la represión ni los palos de la policía? ¿La izquierda del siglo XXI? Hago un breve paréntesis para rescatar al Presidente de Chile, quien en inmensidad de ocasiones, condenó con todo ímpetu al gobierno de Maduro.
Como margen de escape y culmine, ratifico mi posición radicalmente plural en cuanto a lo ideológico y radicalmente singular en cuanto a la defensa de la democracia. No creo en el absolutismo, salvo que éste imponga la defensa de la democracia, los derechos humanos y la libertad de pensamiento y expresión total. No considero bueno para nuestra región (la latinoamericana) un socialismo dictatorial, solo hará que la violencia escale, teniendo en cuenta el envalentonamiento de un Donald Trump que no tiene límites morales. Por ahora los únicos que les quedan son -en ciertas ocasiones- los constitucionales. ¿Y por qué “tirar la pelota” a Venezuela y no a los otros países que están pregonando una derecha rancia y de lo más conservadora? Pues porque, haciendo culto al sentido plural y democrático, los líderes de derecha que actualmente gobiernan son legítimos y fueron electos de manera democrática, popular y en paz. Le guste a quien le guste. Así no, en Venezuela, Cuba o Nicaragua, donde sus presidentes han conquistado el poder con autogolpes y golpes de estado, a través de la violencia y el uso desmedido de las fuerzas (i)legítimas del estado.
¿La solución? Sigue sin encontrarse. No logro observar en la actual oposición una salida correcta sino, la menos mala para Venezuela. No creo que Maria Corina Machado sea la solución para su país. Vente, el partido de ella se ha caracterizado a lo largo de los años por ser conservador, de derecha y extremadamente radical en ciertas posiciones. Cuestiones que me hacen sospechar. Una mujer que se arrodilla ante Donald Trump y clama por su apoyo, en vez de buscar la solución con la dirigencia venezolana, no me parece la solución; pues no creo en el colonialismo político. Lo más triste es que Donald Trump, después de usar discursivamente durante su campaña, la cuestión venezolana y el ataque a Maduro, envió a un representante a Venezuela a negociar con el gobierno chavista. Además de ejecutar decenas de políticas antimigratorias que violan sistemáticamente los derechos humanos, de los mismos pobres ilusos -sin ironía y con la literalidad de la palabra- que lo habían apoyado.
Mientras la sociedad no logré organizar una política de debate y la institución que prime sea la destrucción del enemigo, seremos funcionales a un contexto antidemocrático, antisocial que seguirá perpetuando muertes injustas y el hambre de pueblos enteros. Mientras el pueblo venezolano no vuelque su esperanza en un Maduro de derecha, no habrá escapatoria del mal.
Al pueblo de Venezuela, le dedico este pequeño escrito. La contrarrevolución democrática es vital, hermanos.
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Julian Ledesma es miembro del Centro de Estudios de Relaciones Internacionales y de la fundación Alianza por Venezuela. Estudia Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires.
Referencias Consejo de Derechos Humanos. Conclusiones detalladas de la misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela. Organización de las Naciones Unidas (ONU). 14 de octubre de 2024. Conclusiones detalladas de la misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivarian .
Leandro Querido (Compilador). (2024). Observación Electoral Ciudadana en América Latina. Transparencia Electoral. Editorial Dunken. Pág; 198-199.



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