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Es solo futbol… O eso dice la FIFA

  • Foto del escritor: Uriel Grillo
    Uriel Grillo
  • hace 11 minutos
  • 9 min de lectura

por Uriel Grillo

Argentina perdió la final del mundial y esto es, en efecto, un descargo. Esto es fútbol y me toca en lo emocional. Sin embargo, tranquilos, mi nota sobre fútbol no va a ser sobre fútbol, porque nunca fue ni será sólo fútbol.


Menos este mundial 2026, incluso si la FIFA hace cada vez más esfuerzos por despolitizar el deporte rey, la política se le sigue escurriendo. Y aunque hay mucha política de la que podría hablar referida a lo sucedido con el torneo (el problema de los visados, la seleccion de Iran, la sanción anulada a Folarin Balogun, los precios flotantes de las entradas y el transporte, etc) yo soy argentino y voy a hablar de lo sucedido con Argentina. Entonces, para su desgracia esta va a ser otra nota sobre la controversia y la supuesta campaña antiargentina que orbitó a la selección nacional durante el torneo. Pero como dije antes, yo no voy a hablar de arbitrajes, la genialidad de Messi y la odisea para llegar a la final en New Jersey, yo vengo a hablar de poder, de discurso y de hegemonía.


El football como lo conocemos nació en los barrios bajos de Inglaterra (however It is never coming home). Con la popularidad del balompié empezaron a aparecer asociaciones deportivas, los clubes, muchos, como el fútbol, nacieron como organizaciones de trabajadores, espacios comunitarios para el ocio, la salud y el desarrollo humano. El Liverpool de Inglaterra, el gigante inglés, tiene camiseta roja por su origen obrero y comunista. Argentinos Juniors en Argentina con fundadores anarquistas. Pero también existe el Real Madrid, el club más prestigioso del mundo, asociado a las clases altas, la corona, el conservadurismo y durante gran parte del siglo pasado a la figura de Francisco Franco. El deporte rey es hijo de la clase baja pero como en toda sociedad capitalista moderna la hegemonía se apropia de elementos de la contracultura para seguir siendo hegemonía.


Sin embargo, las cosas tienen historia y el fútbol nunca dejó de ser lo que fue cuando nació, un lugar de esparcimiento y comunidad para los que menos tienen. El fútbol tuvo y tiene un rol formador, educa y crea hombres y mujeres, nuevos hombres y nuevas mujeres. Jugar a la pelota te da disciplina, valores de grupo y te acostumbra a luchar por un objetivo común. Por los clubes pasan millones de niños y niñas, hacen variedad de deportes y se pretende que cuando salga de ellos se transformen en humanos socialmente funcionales sin importar cómo eran antes. Si eso no es política no se que pueda serlo. Si la política transforma la realidad (hace posible lo imposible) también debe poder (y debería arrancar) transformando a la gente. Siendo quien les escribe un enfermizo hincha de Club Atletico Huracan tengo que traer a Cesar Luis “El Flaco” Menotti. El argentino al que le debemos nuestra gloria deportiva (llorenlo bilardistas) siempre priorizo la formación de personas antes que la de profesionales. Nunca es solo fútbol, porque a la pelota no juegan futbolistas, en la cancha hay personas que juegan al fútbol. Si las personas son políticas, entonces en la cancha hay política, si hay política hay poder y por último, si hay poder, hubo, hay y habrá resistencia.


Scrolleando mediocremente por reels de Instagram estos días vi repetidas veces el clip de una película o documental del cual no se el nombre (eran mis minutos de brainrot) en la que aparecía un abuelo italiano y su nieto. En ella se veía La Mano de Dios, a lo cual el abuelo italiano dijo algo como; es la obra de un genio, un acto político, una humillación al imperio más grande de la historia en el juego que ellos mismos crearon. El fútbol como acto de resistencia ante el poderoso. Los cínicos del mundo (entre los que generalmente me incluyo) me dirán que un gol no cambia nada, las Malvinas siguen ocupadas, la Guayana sigue siendo “francesa” y a África la siguen explotando potencias neocoloniales. Tienen razón, mas la cancha es uno de los pocos campos de batalla en donde no hay muertos, las reglas intentan generar condiciones de igualdad y la victoria se puede sentir igual de dulce. Sino ¿por qué festejamos tanto en 1986, 1998 y 2026? o ¿por qué Shakira canta que va a comenzar la única justa de las batallas? (¡¿Shakira miente!?). La FIFA (con sede en Suiza) nos dice que es solo fútbol, porque la FIFA teme que en la cancha se transforme el balance de poder existente en el único lugar en donde los pequeños, periféricos y subdesarrollados podemos ganar, mostrar orgullo y ser rebeldes.


Ya probado mi punto (si no los invito a discutir), voy a hablar de Argentina aunque solo sea una excusa para hablar del mundo. En 2022 ganamos la copa en Qatar, el mundo se alegró por Messi y de yapa terminó enamorándose de nosotros. De nuestros festejos descontrolados, la pasión y la catarsis colectiva de un país hambriento de alegrías por 36 años sin ser campeón del mundo y más de 200 de fracasos políticos. No se elogió de manera excesiva nuestro fútbol y hasta molesto un poco nuestra (existente) soberbia al momento de ganar, nuestra guapeza al enfrentar al rival en la cancha y nuestro orgullo cuando algunos pretendían llevar la batalla fuera de ella (Vayan pa´ alla bobos).


En aquel momento sería imposible adivinar lo que sucedería en el mismo torneo en 2026. Lo visto en este mundial fue un fenómeno de características nunca antes vistas se acusó a poblaciones enteras del sur global de racistas, fascistas, colonizadores, xenófobos, violentos tramposos, indignos y barbaridades varias. Me pregunto ¿Todo esto por fútbol?. Si nos dijeran arrogantes vaya y pase, es más, nos llamaron así en más de una ocasión. Es por eso que me atrevo a decir que el problema es ese, nuestra arrogancia. ¿Con esto decir con esto que tenemos que hacer un mea culpa? Quizás si tengamos que aceptar nuestra xenofobia y reflexionar sobre nuestras formas de racismo (diferentes a las del norte). Pero no voy a aceptar esta orda de injurias incomprobables provenientes de redes sociales y aun peor figuras reconocidas (y profesionales) del occidente desarrollado - Samuel L. Jackson armó una carrera usando slurs raciales. Les molesta la arrogancia porque no es suya, les molesta el orgullo porque les impide vernos con la cabeza gacha, les molesta la rebeldía porque gambetea la dominación.


Esta campaña mediática (si es orgánica o no y su posible fin se lo dejo a los conspiranoides) funciona como acto de disciplinamiento a un símbolo de victoria de un pueblo al que ellos se acostumbraron a subyugar. La selección argentina solo juega al fútbol, pero solo con eso inspira jóvenes, refuta a los que dicen que lo único legítimo es lo que sucede en el norte y es ejemplo de que se puede ganar aun viniendo de abajo (meritocracia capitalista pura). El fútbol es cultura y de esa forma construye realidad, es parte de una lucha simbólica por quien puede generar modelos, formas y racionalidades para ser bueno en algo. La Nuestra no es europea y eso a los eurocentristas les molesta.


No le quiero quitar mérito al equipo que armó la selección española, ganaron bien, juegan bien y combaten en la cancha. El problema que traigo es cómo el aparato mediático del norte (y algunos jugadores que a título personal describo como llorones y/o cagones) durante el torneo y después buscan disciplinar a un pueblo que encuentra en un juego un espacio para ser libre. Lo que querían era ver a guerreros vencidos agachando la cabeza ante una nación que juega no para su gente, sino para un rey. Son justos vencedores, pero también malos ganadores. Así también los ingleses, que hablaron antes y siguen hablando después de su superioridad futbolística y también moral; The Sun hablo de Argie Arrogance The Telegraph hablo de …triumph of football over Argentine thuggery. Todo por una victoria ganada en la cancha y una bandera que denuncia que existen colonias en pleno siglo XXI. Sudamericanos fascistas, racistas y violentos frente a las justas y moralmente correctas potencias (ex no tan ex) imperiales. He aquí lo interesante de esto, el uso de la moral que distingue entre el bueno y el malo, los valores del bien y las mañas del mal, el jugador del torneo Rodri y el sucio Leandro Paredes. No hay política ni relación de poder, solo hay buenos y malos. Un simplismo digno de nuestros tiempos escuetos y tiktokizados.


Esta búsqueda constante de la despolitización de nuestras sociedades, nuestra política y nuestro fútbol es llevada a cabo con la inserción de una moralidad supuestamente universal. El eurocentrismo galopante disfrazado de moral refleja la necesidad del norte global de alejar la política de todo ámbito porque la política transforma. Si el status quo te beneficia, justamente lo que quieren evitar hasta los progresistas de arriba es el cambio. Lo que quiere el centro para el fútbol son personas Kylian Mbappe y Lamine Yamal (sin desacreditar dos cracks que me fascinan y a los que no pido que declaren como Maradona) jugadores que hablan de las problemáticas cómo issues sin cuestionar las estructuras de poder detrás. Una crítica moderada, socialdemócrata y aceptable que no cambia ni pretende cuestionar las relaciones reales de poder de nuestras sociedades y nuestro mundo. Individuos de entornos marginales que inspiran por su historia de superación y ascenso social, hijos de inmigrantes que escaparon por crisis en países que no son el suyo (está perfecto que jueguen en Francia y España) que no obstante jamás hablan de por qué sus padres necesitaron huir de su hogar.


Lo que demostró este mundial es como cuando el débil se planta al poderoso, este no reacciona con coerción física, sino que intenta mostrarse como el débil perjudicado, nuestro amo está jugando al esclavo. El europeo hoy día usa la moral como arma política, para terminar con la política que incluye a los excluidos, haciéndolo extrañamente en nombre de los excluidos. El fin detrás de “El fin de la política” es perpetuar la hegemonía, en donde unos están arriba, en su norte desarrollado y otros abajo, en nuestro sur explotado y atrasado.


Las reacciones después del mundial llevan a pensar que no solo importa ganar, sino de paso disciplinar y así dominar (muy hegelianos los europeos). Peor aún, quieren contagiar eso (o reflejarse quien sabe), porque ellos son la civilización y nosotros la barbarie, debemos movilizarnos a su manera. Y sin embargo acá estamos siendo mejores que ellos en su deporte. Jugamos y nos la bancamos, no exportamos reglas (no somos rule makers) rompemos cadenas (somos rule breakers). La emancipación racional exportable del norte en realidad oculta la construcción de un orden construido sobre la violencia, la explotación colonial y la negación del Otro.


En un mundo cada vez más caótico, la Copa del Mundo refleja caos, por ello el fútbol es político y en él vemos campañas políticas para afectar el tablero anárquico y desigual en el que se desarrolla el juego de poder entre naciones. El fútbol en su masividad es una forma de construir identidades nacionales, tanto desde la interpretación del afuera y grandes aparatos mediáticos, como desde la respuesta y la determinación de la identidad propia frente a otros. Construir un villano global amoral y desdeñable podría ser (si decidimos creer que el envión es inorgánico) una lección de política internacional de lectores de Alexander Wendt. También una forma de exportar construcciones de sentido, valores e incluso institucionalidades, que responden a problemáticas y respuestas creadas en el Norte sin antes preguntarse la capacidad de viaje hacia el Sur. La exigencia de este pedido de disculpas por supuestas fallas en las formas (no en lo futbolístico porque ahí les ganamos a casi todos) anula un empoderamiento de lo nuestro y nuestras formas. Es condición necesaria (mas no suficiente) cierta creencia de pie de igualdad para ser realmente iguales al momento de moverse en el tablero - hay que olvidarse de que Messi es Messi si lo vas a marcar contra la raya, sino no hay forma de ganar.


Además hay que pensar en la importancia clave del fútbol como producto cultural exportable para nuestra nación. Los eventos mega deportivos dan visibilidad, ejemplo fue Bangladesh y la inauguración de una embajada luego del furor del 2022. Yo no vi a ningún muchacho del país asiatico con camiseta de algún país europeo. La campaña y la construcción de una Argentina llena de villanos racistas tiene consecuencias reales y tangibles que de a poco se van revelando, asociar ideas negativas a una población entera lleva a una respuesta asimilatoria la mayoría de las veces. La población empieza a responder cómo esperan que lo hagan aquellos inundados en fake news y asociaciones simples (en la facultad leemos a Lippman). Esta construcción demonizante puede llevar no solo a que nos imaginen como un paria internacional, sino también a que nos convirtamos en uno.


Esto que se vio con Argentina y con Paraguay, se verá también con aquellos que quieran romper la hegemonía vigente. Quien sueña con ganar un mundial, la liberación nacional o un mundo en donde los países tengan verdadero pie de igualdad en las organizaciones internacionales se va a encontrar con intereses hegemónicos opuestos que están en todos los ámbitos sociales, el fútbol no es excepción. La política es poder y resistencia sin fin, un juego de ataque y contraataque que se practica en todas las canchas, tableros y arenas. La FIFA intenta negarlo por miedo a que nos demos cuenta de que detrás de una justa batalla de 11 contra 11 hay hegemonía, intereses y política. Si nos diéramos cuenta de eso quizás el fútbol sería más que nunca una máquina para crear un nuevo mundo más justo, donde ya no haya dominadores ni dominados, solo personas que juegan a la pelota.


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Uriel Alexandro Grillo es estudiante de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA), con profundo interés en las relaciones internacionales. Es parte del centro de estudios Argentina-China en el Instituto de Investigación Gino Germani, y del centro de investigaciones SNF Agora Institute de la John Hopkins University.

 
 
 

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