Este siglo será arendtiano: reflexiones sobre la IA a la luz de la Magnifica humanitas

por Gaetano Milone (FCS, UNC)
El Papa León XIV comienza su encíclica Magnifica humanitas diciéndonos que nos encontramos frente a una decisión indelegable: jugar a ser o convivir con Dios, construir Babel o reconstruir Jerusalén. Las transformaciones motorizadas por la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica parecen configurar una situación en la que “el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo” (León XIV, 2026, p. 4). El problema no es la técnica en sí misma sino el carácter que ha adquirido el desarrollo tecnológico: el poder tecnológico tiene un “rostro inédito” (esto es, privado), cosa que dificulta su orientación hacia el bien común. De este modo, –y por esto es un “poder”– el problema es que la tecnología no está siendo desarrollada por sí misma: su desarrollo es indisociable de los que detentan hoy ese poder y sus fines.
En esta fase de transición se decide, para León (2026), la dirección que elijamos como comunidad humana y como pueblos; la cuestión se dirimiría en evitar el “síndrome de Babel”: “la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos” (p. 5). De algún modo, lo que está en juego también es la posibilidad de comprendernos: “reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa” (León XIV, 2026, p. 5).
¿Cómo comprender(nos) (en) este “cambio de época”? Allí se definiría para nosotros, en tanto generación, la recepción –como herencia– de la tarea de dar forma a nuestro tiempo (y así también, nuestra responsabilidad para con la justicia, la dignidad, la fraternidad). La advertencia, entonces, es esta: la humanidad corre el peligro de perder su rostro. Veamos las esquirlas, la refracción de la advertencia: ¿qué nos hace humanos? ¿Cuál es el rostro de la humanidad? ¿Qué humanidad? Ahora bien. Un espectro (uno, por ahora, de tantos) asedia estos interrogantes –y aquella inyunción, “humanos”, “humanidad”–: el espectro de Hannah Arendt. Proponemos, entonces, revisar primero el problema planteado por León, recuperando algunos discursos de directivos y fundadores de empresas que conforman el poder tecnológico mencionado anteriormente, para luego releer algunas consideraciones arendtianas sobre la condición humana.
¿Quiénes detentan hoy el “poder tecnológico”? Recuperemos algunas citas de directivos reconocidos para delinear mejor el problema. Sam Altman, el CEO de OpenAI, dijo en la cumbre de infraestructura de BlackRock en Estados Unidos: “vemos un futuro en que la inteligencia es una utility, como la electricidad o el agua, y la gente nos la compra según un modelo de pago por consumo exacto” (DRM News, 2026, 10m44s). Para ese momento, lo mejor sería, según Altman, inundar el mercado de inteligencia. De este modo, Altman es tajante al decir que cree que las distintas innovaciones tecnológicas que nos acercarían a ese futuro son tangibles, no se encuentran en el largo plazo. En este sentido, el mismo Altman hace 10 años entrevistó a Elon Musk (fundador de SpaceX, director general de Tesla, cofundador de OpenAI y Neuralink y director de tecnología de X Corp), entrevista en la que se vaticinan algunas cuestiones presentes en el discurso de Altman que recuperamos anteriormente: “creo que la IA es, probablemente, el elemento más determinante que, en el corto plazo, va a afectar a la humanidad (...) tenemos que asegurarnos de que llegue a buen puerto” (SameerKDV, 2017, 1m6s). Para Musk, hace 10 años, el mejor resultado posible era la democratización de la inteligencia artificial, esto es, que no hubiese monopolio o control total sobre la propiedad de esta tecnología; esto derivaría en un devenir simbionte: todos seríamos mitad IA, mitad humanos.
Ahora bien, empecemos a postular uno de los tantos problemas: este diagnóstico (o el best case scenario descripto por Musk), por diferentes razones, no es necesariamente compartido –o si lo es, no en su totalidad– por todos los directivos de las big tech. Por ejemplo, Peter Thiel (socio de Musk en la creación de PayPal y fundador de Palantir Technologies) no sólo nos propone pensar, a diferencia de Altman, que el período actual es un período de estancamiento tecnológico (donde la dinámica, la velocidad, la aceleración de los cambios tecnológicos desciende y se ralentiza), sino que también advierte que esta falta de progreso puede conducir a la aparición del Anticristo (Interesting Times with Ross Douthat, 2025). En este sentido, el Anticristo es una figura bíblica apocalíptica (que se enfrentaría con Dios al final de los tiempos) que Thiel recupera para advertir el riesgo que supondría la emergencia de un Estado mundial totalitario con la promesa de mantener la paz y la seguridad (mediante el uso policíaco de tecnología como la inteligencia artificial).
Otro problema del que Musk no da cuenta en su diagnóstico (esto es, la simbiosis como devenir de la humanidad) es la reemplazabilidad (también notada por León XIV) como una de las preocupaciones principales frente al desarrollo de la IA. En este sentido, Alex Karp, el CEO de Palantir (fundada por Peter Thiel, Alex Karp y otros miembros de PayPal) dijo: “hay dos maneras de saber si tenés un futuro: primero, o tenés algún tipo de formación en oficio [expertise técnica] o, segundo, sos neurodivergente, ampliamente definido (...) necesitan aprender a [de aquí la reemplazabilidad] (...) ser más un artista (...), construir algo único” (theglitchnews, 2026, 0m0s). No obstante, nuevamente, si quisiéramos problematizar las afirmaciones de Karp, podemos ver ciertos matices recuperando lo que declaró Strauss Zelnick (fundador y director ejecutivo de ZMC, presidente y director ejecutivo de Take-Two Interactive): “La IA está compuesta por datasets grandes, mucha capacidad de cómputo y un modelo de lenguaje de gran tamaño amalgamados (...) los datasets, por naturaleza, son retrospectivos. La creatividad, por naturaleza, es prospectiva (...) la IA es buena creando activos, pero la creación de hits no es lo mismo” (David Senra, 2026, 1h36m11s).
En definitiva, la cuestión que en este trabajo queremos desarrollar es la siguiente: por A, por B o por C, lo que está en juego en los distintos diagnósticos que recuperamos es, como decía León, que la humanidad pierda su rostro (ya sea por simbiosis, extinción o reemplazabilidad). No obstante, lo que también está presente en estos diagnósticos –o en algunos, por lo menos– es el reconocimiento de una capacidad específicamente humana: la capacidad de crear algo nuevo, esto es, lo que Arendt (2009) llamó acción humana. Extendámonos un momento en esto. Para Arendt (2009), “con palabra y acto nos insertamos en el mundo humano, y esta inserción es como un segundo nacimiento, en el que confirmamos y asumimos el hecho desnudo de nuestra original apariencia física” (p. 201). Respondemos al impulso que se adentró en el mundo cuando nacimos comenzando algo nuevo por iniciativa propia, es decir, actuando. La condición de la acción humana, entonces, es la pluralidad: “todos somos lo mismo, es decir, humanos, y por tanto nadie es igual a cualquier otro que haya vivido, viva o vivirá” (p. 22). El hecho de que seamos iguales permite que, desde la base del entendimiento, planeemos y preveamos para el futuro las necesidades de los que llegarán; el hecho de que seamos distintos, por otra parte, provoca que necesitemos el discurso y la acción para entendernos: la alteridad que compartimos con todo lo que es y la distinción que compartimos con todo lo vivo se convierte en unicidad, de forma que “la pluralidad humana es la paradójica pluralidad de los seres únicos” (Arendt, 2009, p. 200). Como recuperamos anteriormente, el discurso y la acción revelan esta única cualidad de ser distinto: esta cualidad reveladora pasa a primer plano, dice Arendt (2009) “cuando las personas están con otras, ni a favor ni en contra, es decir, en pura contigüidad humana” (p. 204, subrayado original). Mientras haya dicha contigüidad, acción y discurso retienen esta cualidad reveladora aunque su contenido sea “objetivo”, esto es, interesado por los asuntos del mundo de cosas en que nos movemos y del cual surgen los intereses humanos: dichos intereses constituyen, para Arendt (2009), algo del inter-est, que se encuentra entre las personas y puede relacionarlas, unirlas. Ese “en medio de”, a pesar de su intangibilidad, no es menos real que el mundo de cosas que visiblemente tenemos en común: a esta realidad Arendt la llama la “trama de las relaciones humanas” (p. 207). Estar aislado, entonces, es lo mismo que carecer de la capacidad de actuar: es más, la realidad del mundo está garantizada por la presencia de otros, por su aparición ante todos (Arendt, 2009). El espacio de aparición cobra existencia cuando nos agrupamos por el discurso y la acción. No obstante, es el poder lo que mantiene la existencia de la esfera pública, es decir, el potencial espacio de aparición. Arendt (2009) dice que el poder (divisible y por tanto distinto de la fuerza, de naturaleza ilimitado, determinado por el vivir unido del pueblo) sólo es realidad “donde palabra y acto no se han separado, (...) donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades” (p. 223).
La cuestión es que encontramos allí una conclusión de Arendt (2009) que, para nosotros, es de vital importancia: “una vida sin acción ni discurso (...) está literalmente muerta para el mundo; ha dejado de ser una vida humana porque ya no la viven los hombres” (p. 201). Habiendo recuperado esta parte del pensamiento de Arendt, podemos releer lo que nos planteaba León. Si la pluralidad es condición de la acción humana, ¿que significaría caer en el “síndrome de Babel”? Desde un punto de vista arendtiano, significa ser un poco menos humanos: la realización de aquella uniformidad que aplana las diferencias (y de un lenguaje único) se opone necesariamente a la paradójica pluralidad de los seres únicos, es decir, a la pluralidad humana. En este sentido, León –en consonancia con Arendt– reconoce que en la diferencia está la posibilidad de comprendernos. No obstante, hay otra dimensión del problema a la que podemos aludir recuperando las citas anteriores de los distintos directivos y empresarios. Por una parte, uno de los riesgos de la situación en la que nos encontramos es, como decíamos anteriormente, el de la reemplazabilidad: Karp nos decía que para obtener conocimiento de nuestro futuro, debíamos verificar tener una de dos cualidades –tener oficio o ser neurodivergente–. Esto se relacionaba con el hecho de que las habilidades que solían ser consideradas valiosas, ahora ya no lo son. El problema es que, si recuperamos lo que declaró Altman a comienzos del año corriente, el horizonte –no tan lejano– para las empresas que desarrollan herramientas de inteligencia artificial era poder crear un mercado de compra-venta de inteligencia. Tendríamos que poder preguntarnos: si va a llegar un momento en que no podamos vivir sin la inteligencia artificial, es decir, sin comprar inteligencia, ¿no habremos perdido una cualidad estrictamente humana? En esta fase de transición se decide la dirección que elegimos como comunidad humana: si Babel significa, en su impulso indivisible y uniformizante, quedar aislados (no poder salir de esa uniformidad), la vida que viviríamos sería, potencialmente y en términos arendtianos, vida muerta (sin acción ni discurso). De algún modo, podemos problematizar esto con lo que dice Zelnick: los datasets, por naturaleza, son retrospectivos, mientras que la creatividad, por naturaleza, es prospectiva. La capacidad de crear algo nuevo es la definición de acción humana, capacidad que sólo podemos llevar a cabo entre (o en medio de) nosotros, en la esfera pública, sostenida por el poder (la capacidad de actuar concertadamente): el planteo de Zelnick es también arendtiano.
Ahora bien, ¿por qué decir todo esto? Porque, nuevamente, si en esta fase de transición se decide, efectivamente, la dirección que elijamos como comunidad humana y como pueblos, la oposición va más allá de Babel o Jerusalén: lo que está en juego es –y ahora lo podemos leer con Arendt– el rostro de la humanidad, la condición humana. Está en juego porque una vida sin acción ni discurso está muerta para el mundo, porque dejaría de ser estrictamente humana. Podemos decir que la recepción de la tarea de dar forma a nuestro tiempo se define en la esfera pública: como recuperamos al principio, aquella –más que poder– omnipresencia de las tecnologías emergentes y su creciente entrelazamiento con el tejido de la vida cotidiana puede moldear considerablemente los procesos de toma de decisiones. En medio de nosotros está la responsabilidad de la tarea y depende del hecho de que nos agrupemos y, en este sentido, del poder, de la capacidad que tengamos de actuar concertadamente para cumplir efectivamente con esa tarea (y virar hacia la dirección que elijamos como pueblos). De algún modo, lo que queríamos proponer en este trabajo es que el problema que plantea León se puede leer –e incluso adquiere mayor potencialidad– desde y junto con Arendt. Por esto, así como Foucault (1995) dijo que tal vez un día el siglo será deleuziano, nosotros aquí podríamos decir que este siglo será arendtiano.
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Gaetano Milone es un estudiante avanzado de la Lic. en Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC. Ha participado de múltiples congresos y cuenta con distintas publicaciones: en la revista Polifónicxs (“Sols el poble salva al poble: palpar el pulso del pueblo”, n.° 3, sección Ensayo), en la revista Disputas (“El porvenir es la memoria”, vol. 6, n°1), en la Revista Latinoamericana de Sociología Jurídica ("La pregunta por el fascismo: hacia una sociología de la recepción”, vol. 12) y en Es de Politólogos ("El populismo de Schrodinger", 2024).
Referencias bibliográficas
Arendt, H. (2009). La condición humana. Paidós.
Cassin, B. (2019). Elogio de la traducción. Complicar el universal. El cuenco de plata.
David Senra. (17 de mayo de 2026). The Man Behind Grand Theft Auto 6: Strauss Zelnick
[Archivo de Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=1ZgUcrR0K7I
DRM News. (11 de marzo de 2026). FULL INTERVIEW: OpenAI CEO Sam Altman Speaks
on AI Scaling and Infrastructure Need | DRM News | AI1F [Archivo de Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=sTnl8O_BuuE
Foucault, M. (1995). Theatrum Philosophicum. Anagrama.
Interesting Times with Ross Douthat. (26 de junio de 2025). A.I., Mars and Immortality: Are
We Dreaming Big Enough? | Interesting Times with Ross Douthat [Archivo de Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=vV7YgnPUxcU
Karp, A. [theglitchnews] (17 de marzo de 2026). Alex Karp, el CEO de Palantir
Technologies, acaba de soltar una verdad bastante cruda sobre el futuro del trabajo con la IA. [Video]. Instagram. https://www.instagram.com/reel/DV_PAk0DQWE/
León XIV. (2026). Magnifica humanitas [Carta encíclica].
SameerKDV. (22 de mayo de 2017). Elon Musk Interview with Sam Altman (2016.9.15) [Archivo de Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=q9icMJ48z6U



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