¿Hay que explicar porque hace falta tener techo? España, Argentina y las luchas por el derecho a la vivienda.

Por Matías Ferreyra
La crisis habitacional en Madrid, que derivó en un grito de toda España, pasó a vuelo de pájaro por los medios de la Argentina. Pero pasó. Algunas tímidas cuentas de Instagram o X (Twitter) han compartido posteos provenientes del país del Viejo Mundo, tratando de alertar que aquello que en nuestras urbes de este lado del Atlántico está siendo un problema silencioso (mucho más de lo que nuestros bolsillos pueden tolerar), allí algunos pudieron dar un grito que posicionó al tema en agenda y que incluso logró resultados claros.
Pero hagamos un repaso sobre cómo se produce este encuentro que, en la Argentina, parece estar a medio camino entre reclamo, movilización popular y resultados por vías institucionales.
El pasado 23 de septiembre, Maricarmen Abascal, una madrileña de 87 años, quien alquilaba un departamento (o, como lo llaman en Madrid, un piso) de 92 metros cuadrados en el bien posicionado barrio de Retiro, en Madrid, fue violentamente desalojada luego de no poder efectuar los pagos requeridos por la empresa de inversión propietaria del inmueble (en España, denominados fondos buitres), luego de un nuevo incremento en el costo del alquiler.
¿La Justicia? Un actor clave en esta historia, ya que falló en favor del fondo propietario del inmueble y ordenó la ejecución de su desahucio (desalojo).
Maricarmen, quien, a causa de una discapacidad, fue retirada de su hogar por la fuerza y trasladada a un hospital, quedó internada en observación.
Al igual que en la Argentina, en España parece replicarse el fenómeno de concatenación de las injusticias, comenzando por una persona que, aún luego de toda una vida de trabajo, no llega a poseer el ingreso necesario para alquilar una vivienda digna; siguiendo por un lobby de alquileres que se abusa de la situación de vulnerabilidad de una persona anciana, con su movilidad reducida al 50% y desprotegida por el Estado; y terminando en una Justicia que siempre parece inclinarse por aquellos que lo tienen todo.
Maricarmen, por suerte, no se enfrentó a todo esto sola. Al conocerse su situación, manifestaciones de decenas de personas se agruparon en la puerta de su vivienda para intentar frenar el desalojo, acompañarla con gritos y cánticos de apoyo y elevar su caso como un claro ejemplo de un mal que afecta a toda España: el escandaloso poder que tiene el mercado inmobiliario en desmedro de los inquilinos en ese país.
Ante el cuarto intento de desalojo, Maricarmen, quien lleva 70 años viviendo en su casa, expresó ante las personas que acudieron a su casa en ese momento tan difícil: “¡Luchad, no os quedéis en casa! ¡Luchad por vuestra vivienda, porque tenemos derecho a ella!”. También recomendó que todos aquellos que tienen problemas de vivienda se acerquen al sindicato, porque a ella la habían guiado e incluso ayudado a bajar siete pisos por escalera porque el ascensor estaba averiado, mostrando que el inmueble también presenta graves problemas edilicios que la empresa propietaria no se preocupa por solucionar.
En horas, el sindicato llamaría a una gran marcha que iría desde la Puerta del Sol hasta el Parlamento, en reclamo por la situación desoída por los partidos gobernantes y opositores, y así instar al tratamiento de sus peticiones entregadas al gobierno hace meses. Entre esas peticiones encontramos: impedir los desalojos de personas que no tienen una alternativa habitacional; limitar los alquileres temporales y por habitaciones mediante una ley ya vigente; congelar los alquileres y las renovaciones al estilo neoyorquino; y que los contratos que se firmen queden ligados al anterior para evitar que los propietarios anulen los contratos buscando renovarlos con el mismo inquilino bajo otras condiciones (precios más elevados y menores responsabilidades del propietario), o incluso buscando crear uno nuevo con otro que acepte esas nuevas condiciones, generando lo que en España denominaron un “desahucio invisible”. También se proponía prorrogar de forma generalizada los contratos y renovarlos todos automáticamente para hacer que, en la práctica, los contratos sean indefinidos.
Usando un argentinismo, han corrido por izquierda al gobierno “progresista” de Pedro Sánchez. Y esto quedó expuesto cuando el presidente Sánchez emitió dos Reales Decretos (algo similar a los Decretos de Necesidad y Urgencia que rigen en el sistema argentino) tras las masivas protestas en todo el país. Estos decretos, que pasaron por el Parlamento para su aprobación incluían medidas como propuestas que frenan los desalojos hasta el año 2030, regulación del alquiler de temporada y de habitaciones, prohibición de la compra de fondos de inversión hasta 2028 y prórroga de dos años de los contratos vigentes, fueron rechazados. De esta forma se activan nuevas reformulaciones en los gremios de inquilinos, que no pretenden acabar con este reclamo y quedar presos de una puja entre el debilitado presidente Sánchez y el oportunismo de la oposición parlamentaria.
Si bien el resultado no fue el esperado, aún hay mucha efervescencia en las calles que vislumbra que esto no terminará tan rápido. En este sentido, podemos establecer una relación con lo que en Argentina estamos transitando. Y es que, al igual que a nosotros, parece que los españoles están siendo cautivos del choque y de las determinaciones de la división de poderes del Estado.
En Argentina, la presión social en reclamo de la protección de la soberanía nacional hizo que el Ejecutivo decidiera sacar el capítulo de extranjerización de tierras rurales del proyecto de ley de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, evitando un costo político. Pero, el pasado 29 de septiembre, la Justicia tomaría protagonismo en línea totalmente contraria a ese triunfo de la movilización popular, revocando un fallo que frenaba la venta de tierras sin límite.
Por su lado, en España, la movilización popular puso entre la espada y la pared al gobierno del PSOE, logrando la promulgación de un Real Decreto que incluía muchas de las demandas de los inquilinos y que no resistió la negativa del Parlamento. En ambos casos, el impacto de perder la puja del reclamo es fuerte, pero, lejos de acallar el fuego del reclamo, parece reavivarlo.
El rol de las mujeres en esta historia y, sobre todo, en esta lucha por el acceso a la vivienda digna es un punto no menor y hasta puede remontarnos a otro momento histórico de la Argentina. A principios del siglo XX, en Buenos Aires se producía una masiva huelga de alquileres, con centro en los conventillos de San Telmo, La Boca y Barracas al sur de la Ciudad. El reclamo se producía ante un aumento desmedido en los alquileres producto de un impuesto municipal (que aún no había sido aplicado) y se tradujo en grandes marchas lideradas por mujeres, quienes salían a las calles con escobas como símbolo de lucha, elemento que también usaban para amedrentar a la policía del inefable Ramón Falcón, que intentaba efectivizar los desalojos o reprimir las revueltas.
Este conflicto no sólo revela un trazado histórico de la problemática entre inquilinos y propietarios, sino que también nos habla del rol femenino en estos conflictos. En su momento, las mujeres tomaron el frente de esas protestas por ser quienes sufrían más tiempo las inhumanas condiciones de vida dentro de esos conventillos y quienes “recibían”, entre escobazos y agua hirviendo, a los efectivos policiales que venían a desalojarlas junto a sus hijos luego de comenzada la huelga de pago de los alquileres y mientras sus esposos trabajaban fuera de casa.
En la Madrid de este siglo, las mujeres siguen liderando estas luchas que tienen el nombre de Maricarmen, pero que también están siendo conducidas por otras muchas mujeres que hacen de portavoces, sindicalistas o que simplemente salen a luchar, ya no quizás con escobas como símbolo, sino haciendo sonar sus manojos de llaves.
Es que siguen siendo las mujeres las que más tiempo pasan en los hogares realizando tareas de cuidado no remunerado dentro de ellos (acciones cotidianas de limpieza, lavado, planchado, preparación de alimentos, mantenimiento del hogar, atención, crianza y acompañamiento de infancias, adolescentes, personas mayores, familiares enfermos o con discapacidad, entre otras). Esto hace que desarrollen un vínculo más fuerte con la vivienda e incluso se vuelve un círculo vicioso donde esas mismas cargas de tareas hacen más difícil el ingreso de las mujeres a trabajos formales o mejor remunerados que les permitan acceder a una vivienda digna (lo cual ya parece una utopía) o, mínimamente, pagar el alquiler sin tener que elegir entre prioridades de consumos mínimos y necesarios para la vida.
Por otra parte, uno de los lemas o cánticos de las marchas madrileñas fue “Fuera buitres de nuestros barrios”, algo que hace resonar muchas cosas.
En España, los miles de testimonios recabados en esta y otras marchas de inquilinos hablan de un vínculo especial entre inquilino y vivienda. Algo que quizás en Buenos Aires y en las grandes ciudades de la Argentina ya se fue quebrando hace algún tiempo es la pertenencia a un barrio.
Ese cántico, como así también las declaraciones de los manifestantes, habla de un sentir de pertenencia que los inquilinos adquieren con el lugar en el que residen, con sus lugares de esparcimiento, sus vecinos, instituciones, comercios… con el barrio.
Eso hace que los desahucios o los “desahucios invisibles” no solo parezcan una injusticia por todo lo ya mencionado, sino que también se perciban como un destierro de todo aquello que les brinda ese lugar más allá de un techo: un desprendimiento de una parte de sus identidades.
Sin dudas, lo hace una pelea digna de ser dada.
En las últimas horas el gobierno de Pedro Sanchez ha emitido un nuevo Real Decreto que mantiene muchas de las medidas de los anteriores (rechazados por el parlamento) pero que incluyen otras como el límite a las compras que quieran realizar los “fondos buitre”, prorrogar dos años los contratos a quienes están al corriente de pago, inversión de 280 millones de euros en avales para la construcción de vivienda y 400 millones de euros para ayudar a los proveedores de vivienda social y que las personas que alquilan o compran una vivienda puedan pagar menos impuestos al hacer su declaración anual de la Renta.
En simultáneo, se alcanzó un acuerdo político-social para que Maricarmen pudiera regresar a la vivienda. Pero el acuerdo llegó tarde. Maricarmen falleció este miércoles 7 de octubre en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, y si bien la noticia de su partida causó mucha indignación entre los manifestantes, que en ese momento se encontraban acampando en la Puerta del Sol, no pasó mucho tiempo para que esa mujer madrileña se convierta en un símbolo de lucha con el fin de que, en palabras de los manifestantes, no exista “ni una Maricarmen más”.



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