Polarización, antipluralismo y erosión democrática: una comparación entre Argentina y El Salvador

por Alejandro Burgos
Abstract: Este trabajo explora en qué condiciones la polarización política puede contribuir a procesos de erosión democrática en América Latina. A través de un estudio comparado de N pequeña entre Argentina y El Salvador, dos casos con niveles similares de polarización, pero trayectorias democráticas divergentes. El análisis muestra que la polarización no constituye por sí sola una condición suficiente para explicar el debilitamiento institucional. Combinando un enfoque de realismo político con el concepto de antipluralismo, se argumenta que el factor decisivo no es únicamente la intensidad de la polarización, sino la forma en que los actores políticos la emplean estratégicamente para deslegitimar al adversario y consolidar poder. Los hallazgos son de carácter exploratorio y buscan aportar elementos para comprender la relación entre polarización y erosión democrática en sociedades divididas.
Palabras Claves: Polarización política; Erosión democrática; Antipluralismo
Introducción
América Latina parece atravesar un nuevo momento de incertidumbre democrática. Los recientes cambios electorales latinoamericanos pueden vincularse con altas demandas sociales, dificultades de los Estados para satisfacerlas, y una consecuente pérdida de apoyo hacia los gobiernos (Negri, 2026). Este contexto puede facilitar estrategias dirigidas contra partidos y élites establecidas, aunque no conduce necesariamente al deterioro democrático.
El avance reciente de distintas fuerzas políticas con tendencias iliberales plantea varias dudas: ¿qué será de los logros obtenidos durante la tercera ola democrática? ¿Se encuentra la región frente a una nueva ola iliberal? ¿Puede producirse un regreso a los viejos autoritarismos de finales de la Guerra Fría? Estas son preguntas llamativas e interesantes; sin embargo, este breve trabajo está interesado en abordar una pregunta más concreta: ¿por qué países con democracias dinámicas parecen experimentar procesos de erosión democrática?
Estos retrocesos, además, pueden observarse a lo largo del espectro ideológico. Nicaragua anunció en 2026 nuevas transformaciones de su sistema político que profundizan el debilitamiento de la competencia electoral (Rogero, 2026). Por su parte, Nayib Bukele ha mostrado interés en continuar en la presidencia después de que fueran aprobadas reformas que permiten la reelección presidencial indefinida (Colón y Ramazzini, 2026). Estos casos forman parte de un contexto regional más amplio: América Latina ha experimentado durante los últimos años un proceso de erosión democrática cuya continuidad siguió siendo observable durante 2025 (Arnone, 2026).
Partiendo de este contexto, este trabajo busca abordar la siguiente pregunta: ¿puede la polarización actual ser un factor que contribuya a la tendencia hacia la iliberalidad? El argumento que se busca explorar es que la polarización puede constituir un factor entre muchos otros que pueden contribuir a explicar los procesos de erosión democrática, especialmente en sociedades divididas. Además, una aproximación realista a la política puede ayudar a analizar por qué la polarización puede afectar negativamente a la democracia, especialmente cuando esta se manifiesta en sociedades políticamente fracturadas. El objetivo, por tanto, no será presentar a la polarización como una explicación única de la erosión democrática, sino explorar el papel que esta puede tener dentro de un fenómeno considerablemente más amplio y complejo.
Marco Teórico
La polarización política puede entenderse como una percepción de la política dividida entre un “nosotros” y un “ellos” y puede manifestarse de forma ideológica o afectiva (Feitosa, 2025). Esta última supone mayor apego hacia el propio grupo y hostilidad hacia los grupos contrarios. La polarización puede afectar negativamente a la democracia al favorecer el rechazo del adversario e incluso la tolerancia hacia comportamientos del propio grupo que vulneran normas democráticas (Feitosa, 2026). La polarización afectiva se define como la tendencia de los partidarios a desarrollar sentimientos positivos hacia su propio partido y negativos hacia el campo político contrario (Tilley et al., 2026).
Por otro lado, el realismo político parte de analizar la política como esta existe y no únicamente como se desearía que fuera. Esto no implica que la política carezca de valores, sino que su funcionamiento no se encuentra necesariamente determinado por principios normativos (Geuss, 2008). Este enfoque permite analizar la polarización considerando los conflictos e intereses existentes y cómo estos pueden afectar negativamente a la democracia, particularmente en sociedades políticamente divididas.
Metodología
Metodológicamente, este trabajo adopta un enfoque cualitativo y exploratorio mediante un estudio comparado de N pequeña. Siguiendo las posibilidades de investigación cualitativa presentadas por McNabb (2021), el estudio combina el análisis de casos con la investigación documental. Asimismo, se emplean datos cuantitativos como apoyo al análisis cualitativo, por lo que puede considerarse un trabajo predominantemente cualitativo con apoyo de datos cuantitativos. Para la visualización de estos datos se utilizó Python. El objetivo de este diseño no es comprobar una hipótesis causal, sino identificar y organizar posibles razones que contribuyan a comprender el fenómeno estudiado.
La selección de Argentina y de El Salvador se basa en el criterio del contraste. Ambos países tienen altos niveles de polarización política, pero difieren en gran medida en cuanto a los resultados de sus índices democráticos. Aunque Argentina presenta los más altos niveles de polarización política en comparación con El Salvador, no registró el mismo deterioro en Freedom House durante el periodo considerado. Sin embargo, El Salvador presenta altos niveles de polarización política y también muestra un deterioro notable en sus índices democráticos. La selección de estos países no implica que sean casos representativos de Latinoamérica sino más bien que serán explorados para investigar por qué la polarización política conduce a diferentes resultados políticos. Argentina también sirve como un país donde se puede cuestionar el vínculo entre la polarización y la erosión de la democracia.
Polarización y erosión democrática: Argentina y El Salvador
Los casos de Argentina y de El Salvador nos permiten comprender que la polarización política no siempre conduce a la erosión de la democracia. Ambos países experimentan un alto grado de polarización política, pero al mismo tiempo los recientes acontecimientos políticos en ambos países son bastante diferentes. Es de esta manera que el análisis de los casos presentados nos permite comprender en qué situaciones la polarización política se convierte en un factor peligroso para la salud de la democracia.
El ejemplo argentino nos permite comprender las limitaciones que existen al intentar establecer una conexión clara entre la polarización política y la erosión democrática. Falak y Ramírez (2025) encuentran que la situación en Argentina se caracteriza por una muy fuerte polarización afectiva. Según Falak y Ramírez (2025) el representante de esta polarización es Javier Milei. Además de que la polarización está presente en Argentina en la forma de diferencias ideológicas existen también sentimientos de animosidad hacia el oponente y un aumento de la separación de los grupos políticos. Sin embargo, la presencia de estos factores por sí solos no significa que haya habido una erosión de la competencia democrática. Por lo tanto, el ejemplo de Argentina nos ayuda a comprender la diferencia entre un sistema político polarizado y la erosión democrática.
En el caso de El Salvador podemos encontrar una situación que difiere mucho de la situación en Argentina. Esto se debe a que en este caso las divisiones que se pueden encontrar en el país coinciden con un grave deterioro de la situación democrática. Esto plantea un aparente paradójico porque el deterioro de algunas instituciones democráticas puede existir al lado de los altos niveles de apoyo ciudadano al gobierno que trajo estos cambios. Según Reserve (2025) uno de los factores que ayudan a comprender el problema es la evaluación del trabajo del presidente. Reserve (2025) encuentra que en El Salvador la evaluación del desempeño del presidente es uno de los factores más estables de apoyo a la democracia. Las personas que están satisfechas con el desempeño del presidente tienden a estar satisfechas con la democracia también. Por lo tanto, queda claro que el apoyo ciudadano a la democracia no tiene que ser una evaluación independiente de las instituciones que la componen. La evaluación del régimen puede verse afectada por la percepción de los ciudadanos del desempeño del gobierno.
Figura 1
País | Polarización V-Dem | Freedom House 2026 | Cambio anual |
Argentina | 1,90 | 85/100 — Libre | 85 → 85 |
El Salvador | 1,53 | 42/100 — Parcialmente libre | 47 → 42 |
Fuente: elaboración propia con datos de V-Dem y Freedom House (2026).
Figura 2

Fuente: elaboración propia con datos de V-Dem y Freedom House (2026).
Los datos permiten observar una diferencia importante entre ambos casos. Aunque Argentina presenta un nivel de polarización superior al de El Salvador, esta diferencia no se corresponde con un mayor deterioro de sus indicadores democráticos. Argentina registra un puntaje de polarización de 1,90 y mantiene 85 puntos en Freedom House entre ambos períodos analizados. El Salvador, por el contrario, presenta un nivel ligeramente menor de polarización, de 1,53, pero disminuye de 47 a 42 puntos en Freedom House. Esta diferencia permite descartar, al menos para los casos analizados, una relación simple según la cual mayores niveles de polarización deberían corresponderse necesariamente con mayores niveles de erosión democrática. El caso argentino resulta particularmente relevante porque muestra que una sociedad puede presentar elevados niveles de polarización sin experimentar simultáneamente un deterioro comparable al observado en El Salvador. La polarización puede constituir, por tanto, una condición problemática para la convivencia democrática sin ser por sí misma suficiente para producir un proceso de erosión.
Estos datos permiten extender el análisis hacia una nueva incógnita: ¿por qué El Salvador experimentó un deterioro democrático considerable mientras que Argentina, pese a presentar mayores niveles de polarización, no experimentó un retroceso comparable? Siguiendo a Geuss (2008), el análisis político no debe limitarse a determinar qué instituciones o acciones deberían considerarse legítimas desde determinados principios normativos, sino prestar atención a las formas concretas mediante las cuales las acciones colectivas, las instituciones y las distribuciones de poder adquieren legitimidad dentro de una sociedad. En el caso de El Salvador encontramos un fenómeno concreto vinculado a la legitimidad que Bukele ha logrado construir y a lo que esta le permite hacer políticamente. Reserve (2025) encuentra que la evaluación del presidente constituye uno de los factores más importantes asociados con el apoyo a la democracia: quienes evalúan positivamente al presidente también tienden a expresar mayor apoyo hacia el régimen democrático.
Estas dificultades se vuelven aún mayores ante las transformaciones experimentadas por las formas contemporáneas de no-democracia. Siguiendo a Balderacchi (2022), la distinción entre democracias problemáticas y regímenes competitivos no democráticos se ha vuelto particularmente compleja, pues estos últimos pueden conservar instituciones y elecciones multipartidistas mientras la competencia política es sistemáticamente distorsionada. Esto implica que las formas mediante las cuales opera la no-democracia no necesariamente requieren la eliminación abierta de las instituciones democráticas, sino que pueden manifestarse mediante la transformación de las condiciones bajo las cuales funciona la competencia política.
Esto no elimina el hecho de que un proceso de retroceso democrático pueda desarrollarse a partir de un poder inicialmente obtenido y legitimado por medios democráticos. Norberto Bobbio (2022) distinguía entre la democracia ideal y la democracia real. Esta situación puede ejemplificar cómo este debate puede ir más allá de la cuestión de cómo funcionan las democracias reales y plantear también cómo determinados ideales democráticos, cuando son mal empleados, pueden crear obstáculos para la democracia como institución real. Dahl (2012), por ejemplo, sostenía que la democracia debería procurar la participación efectiva, la igualdad del voto y la comprensión ilustrada (p. 44).
Esta situación complica estos ideales más de lo que podría parecer, pues permite preguntarse qué ocurre cuando una sociedad considera democrática una determinada opción, los votos tienen igual valor y los ciudadanos toman sus decisiones con cierto criterio racional. Se podría objetar que estas condiciones nunca se cumplen completamente: no todos participan, algunos votos pueden adquirir mayor importancia que otros o las personas pueden tomar decisiones bajo condiciones de desinformación. Sin embargo, estos problemas son difíciles de eliminar por completo en cualquier democracia realmente existente. Bukele realizó acciones concretas que influyeron sobre la acción colectiva y las instituciones políticas. Los fines normativos utilizados para justificar estas acciones no modifican necesariamente sus resultados políticos e institucionales (Geuss, 2008).
Esta situación permite considerar que el problema no radica únicamente en la intensidad de la polarización, sino también en la forma en que esta es utilizada políticamente. En El Salvador, la polarización afectiva habría sido empleada por Bukele como una estrategia para movilizar apoyo contra los partidos tradicionales y, posteriormente, fortalecer su posición en el poder. Esto permite introducir el concepto de anti-pluralismo. El pluralismo requiere no solo la existencia de posiciones diferentes, sino también el reconocimiento de la legitimidad de intereses y preferencias distintas dentro del sistema democrático (Walz, 2025). El anti-pluralismo supone, por el contrario, privilegiar la unidad y la homogeneidad frente a la diversidad política (Walz, 2025).
Desde esta perspectiva, la polarización podría adquirir consecuencias particularmente problemáticas cuando la división entre un “nosotros” y un “ellos” contribuye a cuestionar la legitimidad política del adversario. Esto resulta especialmente relevante cuando un liderazgo se presenta como expresión de la voluntad popular, pues los actores e instituciones que limitan su poder pueden comenzar a ser interpretados como obstáculos a esa voluntad. Walz (2025) identifica precisamente esta dimensión anti pluralista en el populismo, donde la pretensión de representar al verdadero pueblo puede llevar a cuestionar otras formas de representación y los mecanismos de control sobre las mayorías.
La comparación entre Argentina y El Salvador permite entonces considerar que la polarización no produce por sí misma erosión democrática. Esta diferencia puede apreciarse en Ramírez y Falak (2023), quienes sostienen que la polarización política no constituye necesariamente una amenaza para la democracia, pues el desacuerdo ideológico puede revitalizar el debate y la participación política. El problema aparece cuando este se encuentra acompañado por formas más hostiles de afectividad política, aislamiento cognitivo y segregación ideológica. En estos casos, la hostilidad hacia el adversario puede deteriorar el debate público y dificultar la convivencia entre posiciones políticas diferentes.
Esta situación resulta particularmente relevante para Argentina. Aunque existen manifestaciones de hostilidad afectiva entre los campos políticos y Milei ha contribuido a profundizar un discurso polarizante, estas tensiones no se han traducido, durante el período analizado, en un deterioro institucional comparable al observado en El Salvador. La existencia de polarización afectiva, por tanto, tampoco parece suficiente para explicar por sí misma la diferencia entre ambos casos.
Esto obliga a prestar atención a lo que los actores hacen políticamente con la polarización. Perelló (2026) sostiene que Bukele utilizó deliberadamente la polarización afectiva como estrategia para movilizar apoyo contra ARENA y el FMLN y que, una vez en el gobierno, profundizó esta estrategia para aumentar su popularidad y fortalecer su posición en el poder. La diferencia podría encontrarse, entonces, no solamente en la existencia o intensidad de la polarización, sino también en las condiciones bajo las cuales esta puede ser utilizada como un recurso para transformar las relaciones de poder.
Esta posibilidad adquiere especial importancia al considerar el antipluralismo. Como sostiene Walz (2025), la polarización puede adquirir consecuencias particularmente problemáticas cuando la división entre un “nosotros” y un “ellos” contribuye a cuestionar la legitimidad política del adversario. En este sentido, el caso salvadoreño permite considerar la posibilidad de que la utilización estratégica de la polarización contribuya a una lógica antipluralista en la cual el adversario deja progresivamente de ser reconocido como una alternativa política legítima. Esta relación, sin embargo, debe entenderse como una interpretación surgida del análisis y no como un mecanismo causal demostrado.
La comparación también debe entenderse dentro de sus límites. Argentina y El Salvador presentan importantes diferencias históricas, sociales e institucionales, por lo que no es posible aislar causalmente el efecto de la polarización mediante estos dos casos. Su utilidad es fundamentalmente exploratoria: ambos presentan niveles relativamente próximos de polarización, pero resultados democráticos considerablemente diferentes. Esto permite sostener que la polarización no constituye por sí misma una condición suficiente para explicar la erosión democrática y plantear como hipótesis que sus consecuencias pueden depender de la manera en que es utilizada políticamente y de su posible transformación en una lógica anti pluralista. El análisis político no debe limitarse a las consideraciones normativas sobre la justicia, la democracia o los principios según los cuales debería organizarse el orden político, sino que también debe considerar las relaciones de poder que dan forma, modifican y sostienen dichos principios (Geuss,2008).
Desde esta perspectiva no es solo el grado de polarización lo que diferencia a Argentina y a El Salvador. Efectivamente existe una polarización y una hostilidad política concreta en ambos casos, pero en El Salvador dicha polarización y hostilidad política también han sido utilizadas por los actores políticos para consolidar una posición de poder (Perelló,2026). El ejemplo de Argentina demuestra que la polarización y la hostilidad afectiva no siempre implican una transformación institucional similar. Por lo tanto, la polarización política se vuelve relevante para la democracia no solo por los conflictos que genera sino también por lo que los actores políticos hacen de dichos conflictos dentro de relaciones de poder específicas.
Conclusiones:
El análisis revela que la polarización política por sí sola no es una condición suficiente que conduzca a la erosión democrática. La comparación entre los casos de Argentina y El Salvador demuestra que, aunque puedan existir niveles altos y relativamente iguales de polarización no necesariamente implica el mismo nivel de resultados democráticos para ambos países. En particular mientras el caso de Argentina exhibe la polarización y la hostilidad afectiva sin un deterioro institucional similar en el periodo analizado el caso de El Salvador presenta estos factores junto con la erosión democrática en el país. Por lo tanto, el vínculo entre la polarización y la erosión democrática no puede basarse solamente en la intensidad de la polarización política.
El caso de El Salvador por otro lado permite tomar en cuenta que el efecto de la polarización política sobre la democracia también depende de cómo los actores políticos empleen la polarización en sus luchas de poder. El uso de la polarización como una estrategia de deslegitimación de sus oponentes puede ser particularmente peligroso si se vuelve de naturaleza anti pluralista. No obstante, las diferencias entre los dos casos no permiten sacar una inferencia causal del análisis realizado. Los hallazgos de la comparación por lo tanto son puramente exploratorios y sugieren futuros estudios sobre en qué condiciones la polarización se transforma de una herramienta del conflicto político en una fuente de erosión democrática.
Referencias Bibliográficas
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